28 de febrero de 2008

Mal periodismo (I)

Los pensamientos de un cualquiera-28022008
Alex Esteban Martínez H.*

Da asco el periodismo colombiano. Da asco, muy a pesar de tantos grandes periodista que existen en los grandes medios masivos de comunicación, justamente por éstos últimos.

Decía alguna vez Miquel Rodrigo, hablando de terrorismo y medios de comunicación, que el periodismo es, en cierto modo, el termómetro de la sociedad. Entonces, el periodismo, por extensión de una sociedad enferma, asquerosa y purulenta como la colombiana, da asco.

Basta con dirigirse al televisor, el computador, el periódico o el radio para darse cuenta, con un poco de ojo avezado, de la pestilencia de los grandes medios. 'Culitetas' presentando noticias cada vez más banales y más agresivas con la privacidad de las personas públicas al final de cada noticiero; narradores deportivos con pueriles guiones corporativos en todas las emisiones; diarios cada vez más genuflexos; voces radiales cada vez más depravadas y omisiones convenientes de información, demuestran que el periodismo colombiano ha vendido su conciencia. El periodismo ha mostrado el hambre por publicidad y se ha llenado con lo fácil: con lo superficial.

Y no hablo de afrentas al mínimo buen gusto como Espacios, Chivas u Hoys. De por sí su forma de hacer prensa tiene un estilo definido y esa es su apuesta; igual el rojo, amarillo e inclusive la depravación puede ser una opción de vida.

Hablo más bien de esos Erreceenes y esos Caracoles que han dejado atrás unos mínimos de calidad por llenar sus espacios con comerciales y autopromociones. Hablo de esos Mundos, Tiempos y Colombianos que editan desde Palacio, siguiendo dictados de cuanto Santo o Mesías se les atraviese. Hablo de esos medios canales progobiernistas que satanizan a las guerrillas -y no digo que esté mal hacerlo-, pero que atenúan y echan más tierra a las fosas de los paras. Hablo de esos medios que se asombraron con tanto pendejo -o desesperado- atrapado en una que otra pirámide (está bien, fueron varias), pero que no se dignaron a hablar de las pilas de cuerpos despedazados, propias de las declaraciones de los jefes de autodefensas. Hablo de esos medios que no hacen seguimiento: de los que van cada año a la Mojana sucreña a cubrir (¿qué se esconde detrás de esos cubrimientos?) las inundaciones, pero que sólo lo hacen cuando ya hubo muertos. Hablo de esos medios de rodillas callosas, que se azotan frente a uno que otro caudillo malévolo con ínfulas de estadista montado en un 80 porciento de engañoso favoritismo.

No hablo pues, antes de que me crucifiquen sin justa razón (aunque seguro lo harán, de algo se podrán quejar), de los todos los comunicadores. No puedo acusar abulia o cerrazón en la mayoría de los periodistas sino en los medios: de esos que están necesitados de los centavitos que le puede dejar la publicidad; de los que no hacen periodismo, sino el más mundano, deleznable y vulgar mercantilismo de información.

Sé, a pesar de mi aparente tremendismo, que siendo corresponsal se corren riesgos, y que hay que cuidarse. Obvio después de Cano y Garzón. Pero eso no implica que se tengan que esconder bajo sus cobijas(medios o periodistas), con miedo de mirar al monstruo a los ojos, y vender desde allí lo fácil: aquello que no levanta ampolla. Entiendo, aclaro, el miedo de los periodistas; están en su derecho a escoger, pero no comparto la negligencia de los medios en su deber de comunicar y que además lo hagan convenciéndonos de que esa verdad, su acomodada verdad, es la universal.

La solución, a pesar de esta ojeriza, por el momento está lejos de las manos del de a pié: informarse más, leer más y exigir información de mejor calidad y, ojalá, cada vez menos acomodada es lo único que se puede hacer con tal de validar ese derecho a estar bien informado. Esa, si se quiere, es otra elección, pero que afortunadamente no está en los grandes medios.

*Autor del blog. Estudiante de Periodismo.

21 de febrero de 2008

Comiendo muerto

Los pensamientos de un cualquiera-21022008
Alex Esteban Martínez H.*

Muerto Carlos Castaño, todas las culpas van a parar a su tumba. Las declaraciones por parte de los ex jefes de los grupos paramilitares en todo el país, para el proceso de reinserción, dejan mucho que desear.

Si bien es cierto que con un fusil apuntando a la cabeza es difícil levantarse u oponerse contra quien lo porta, también es difícil de creer que los Mancusos, Jorges 40, Ernestos Báez, Don Bernas, etc, tuvieran voluntad de niños. Ha sido Carlos Castaño, según palabras de sus anteriores compinches, el mayor autor intelectual de miles de asesinatos en el país -y, viéndolo bien, es cierto-. Lo extraño del asunto es que, al parecer, ellos han sido las víctimas o, en su monstruoso defecto, los héroes.

Una de las órdenes de Castaño fue "propinar mil bajas al enemigo en menos de 15 días", asegúró en su versión libre Jorge 40, a lo cual añadió que "ninguno estuvo de acuerdo con esa orden, pero la dio y había que cumplirla". Pero no seamos negativos; ya que nos embarcamos en un viaje camino a la paz, lo mínimo que podríamos intentar es creerles.

Aclaro, antes de que me crucifiquen por una lectura malintensionada, que no estoy excluyendo de sus responsabilidades a los confirmadísimos huesos de el menor del clan Castaño. (Recordemos, la posibilidad de que los huesos examinados no le correspondan es de una entre mil millones) Lo que no me cabe en la cabeza son los demás crímenes cometidos por las autodefensas: ¿qué hay de las otras tantas masacres? ¿Quién ordenó los otros miles de asesinatos? ¿Quien quiso despedazar a los campesinos? ¿Dónde está el responsable de las desapariciones de tantos?

Los colombianos que no estamos embuídos por las telenovelas o abstraídos por nuestra miseria y que aún creemos en el fin racional del conflicto necesitamos respuestas.

Como ya lo mencioné, ya nos montamos en el plan de hacer la paz con un grupo armado y la ley ha sido generosa; ya que algunos intentaremos creerles, ellos deberían contar todo y aceptar sus responsabilidades individuales. Casos esporádicos de Alzhaimer, enfermedades sacadas de los pelos o señalamientos a los muertos no encajan con la perversión y la dureza propia de los guerreros que les conocimos antes de la desmovilización.

Las declaraciones de los caciques paramilitares para Justicia y Paz no aclaran ni dicen nada, en cambio en las versiones de los paras 'rasos' ni la vejez, ni las órdenes de los superiores no han sido excusa para aceptar que jalaron que gatillo.

No dejo de pensar que tantos olvidos, tantas impecisiones y tantas excusas hacen parte de un juego con la verdad que han montado desde Itagüí: mientras se roen los restos de Castaño (y por ahí derecho los de los desaparecidos y los arrojados en fosas comunes) se lavan las manos de sus culpas, sus balas sus órdenes. Como dirían, "ganando indulgencias con padrenuestros ajenos". Aquí los paras están ganando indulgencias señalando pecados ajenos.

*Autor del blog. Estudiante de Periodismo.

20 de febrero de 2008

La hoja en blanco

Los pensamientos de un cualquiera-20022008
Alex Esteban Martínez H.*

Hace ya seis años, en medio del repudio generado por la toma del un avión de Aires por parte de las Farc, se dió por terminado el proceso de paz con emprendido con dicha guerrilla por parte del gobierno del en aquel entoces Presidente, Andrés Pastrana.

La salida de 'Tirofijo', el 'Negro Acacio', el 'Mono Jojoy', y los demás guerrilleros de la zona de distensión, entregó a la opinión pública a los brazos del crítico más contundente de la negociación: Álvaro Uribe. Con su ascenso a la presidencia, las posibilidades de negociar el fin del conflicto se alejarían aún más.

Uribe, durante su mandato ha demostrado un doble racero: mientras negociaba con las autodefensas, cediéndoles una generosa porción del territorio en San José de Ralito, se descargaba contra las Farc señalándolas de terroristas y se escudaba en ese título logrado por el anterior mandatario para no negociar aún cuando los paras no entregaron ni un solo secuestrado.

Vociferaba, además, que concederle un centímetro a la guerrilla sería dar un paso atrás con su política de Seguridad Democrática; según parece, el que territorio que había (y sigue habiendo) debajo de los paras hace parte del territorio bajo el control del gobierno.

Y es que la forma guerrerista como se está dirigiendo el país no amerita un nuevo periodo de Álvaro Uribe. Su promesa de derrotar a las Farc en ocho meses no se ha cumplido, y a pesar de que el pueblo colombiano le dió 4 años más de 'ñapa', el fin de la guerra por medio de las armas en Colombia no es posible. Desde que la estructura de la sociedad no sea cambiada y se aseguren unos mínimos vitales para cada uno de los habitantes -tal como ahora se está haciendo con cerca de 40 mil reinsertados de las autodefensas-, no se podrá evitar que se unan más hombres a la interminable hoguera de la guerra. "Vi que la guerrilla iba a ser derrotada, pero no exterminada. Siempre habrá población y siempre iban a surgir de ella nuevos guerrilleros", aseguró un reinsertado de las autodefensas a Semana.

Además, el proceso de reinserción de los paras no tendrá feliz término porque nada más la idea de negociar con solo un grupo no lleva a nada. Si bien son, en palabras del Alto Consejero para la Reintegración, Frank Pearl, son cerca de "40 mil delincuentes menos", no hay cómo hacer sostenible la reinserción mientras se sigan cometiendo crímenes por parte de la guerrilla y, a falta de Estado, la única salida que tenga un campesino sea tomar las armas.

Por eso y porque la negación del conflicto, la fragmentación de la realidad económica de sus orígenes y la neglijencia en la atención de las víctimas, es fácil ver que Uribe siempre estuvo preparado únicamente para la guerra, pero ante una realidad tan compleja como la colombiana, nunca hay que cerrarle la puerta a la negociación. No tiene razón de ser enviar el Ejército a las montañas a exterminar a un grupo de campesinos hambrientos y necesitados de una verdadera presencia del Estado, quienes al fin de cuentas, son los guerrilleros. Tampoco tiene sentido reinsertar a los desertores del conflicto a una sociedad despedazada: semejante barbaridad es perpetuar el ciclo.

Está entonces en manos del pueblo colombiano tomar conciencia acerca de cuán lejanos estamos de la solución por las armas: es la negociación la única salida, así nos toque servirle mil veces hojas en blanco a 'Tirofijo' (o el que sea que represente a ese monstruo) para frenar la masacre.

*Autor del blog. Estudiante de periodismo.