Alguna vez, como todo hombre que se interesa por su desempeño sexual, me pregunté a cerca de las cualidades físicas de mi 'herramienta' de trabajo. Luego, lo miré con algo de compasión, como diciéndole 'si algo malo pasa, no es tu culpa campeón'. En esos momentos aparecen como caídos del cielo cientos de sexólogos que dicen que el tamaño no importa, que antes bien puede resultar molesto para alguna mujeres que hallas hombres con vergas desproporcionales, o, como me atrevo a decirlo, 'mástiles con patas'. Después de haberme dado algo se suficiencia moral para no cortarme las venas -o, aceptémoslo, cortarlo a él- tomé metro y regla en mano y lo afronté. Sabía que algo tenia que salir de ese incómodo enfrentamiento y que uno de los dos, él o yo, saldría victorioso. Allí estábamos, el uno frente al otro, mirándonos. Él, con su único ojo me atemorizaba, pero yo tenía -creía tener- las de ganar. Tomé el metro; él tomó forma. Lo atrapé con fuerza entre mis temblorosas...
Comentarios
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