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El homicidio en la religión

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LA MATA QUE NO MATA

A más de 15 años desde la muerte del capo de capos, Pablo Escobar en el tejado de una casa en el occidente de Medellín, Colombia muestra no haber aprendido las lecciones de una guerra perdida: la guerra contra el narcotráfico. Muestra de ello es que desde hace ya unos meses se viene escuchando en la radio una cuña en la que una dizque niña con dice con vocecita risible “no cultives la mata que mata”(?). Me molesta porque semejante tanto la niña como cuñita son falaces, idiotas, irresponsables e indolentes. Falaz porque ningún árbol, arbusto, fronda, ramaje, matojo, pasto, mata, maleza, o como quiera que le llame, mata. Realmente matan (y torturan, y despedazan) quienes quieren defender sus plantíos de esa mata, laboratorios en donde se la procesa y negocios por medio de los cuales se vende, tal y como lo hiciera Escobar en su tiempo y la guerrilla y paramilitares hacen actualmente. Basta con recordar las decenas de carros bomba que el Cartel de Medellín hizo explotar en la capital pa...

El otro debate de género

Las últimas décadas han dejado un reconocimiento cada vez más importante en los derechos de las mujeres. Las campañas contra la violencia doméstica, la discriminación salarial y en favor del reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos les han garantizado a una porción cada vez más grande de mujeres una serie de beneficios que les eran negados. Aunque falta mucho por hacer. Las mujeres siguen sin tener pagos equivalentes a los de los hombres por idénticos trabajos; tienen jornadas más largas dentro y fuera del hogar que sus compañeros hombres y son objeto de agresiones físicas, verbales y sexuales en distintos escenarios de la vida mientras que la justicia no procesa a los atacantes. Además, son presionadas para cumplir estándares culturales de belleza homogeneizantes, son tratadas como objetos sexuales y, lo que es la peor muestra de hipocresía como sociedad, son tratadas como 'putas' cuando expresan su erotismo de manera libre. La lucha por los derechos de las ...

Mi victoria pírrica

Alguna vez, como todo hombre que se interesa por su desempeño sexual, me pregunté a cerca de las cualidades físicas de mi 'herramienta' de trabajo. Luego, lo miré con algo de compasión, como diciéndole 'si algo malo pasa, no es tu culpa campeón'. En esos momentos aparecen como caídos del cielo cientos de sexólogos que dicen que el tamaño no importa, que antes bien puede resultar molesto para alguna mujeres que hallas hombres con vergas desproporcionales, o, como me atrevo a decirlo, 'mástiles con patas'. Después de haberme dado algo se suficiencia moral para no cortarme las venas -o, aceptémoslo, cortarlo a él- tomé metro y regla en mano y lo afronté. Sabía que algo tenia que salir de ese incómodo enfrentamiento y que uno de los dos, él o yo, saldría victorioso. Allí estábamos, el uno frente al otro, mirándonos. Él, con su único ojo me atemorizaba, pero yo tenía -creía tener- las de ganar. Tomé el metro; él tomó forma. Lo atrapé con fuerza entre mis temblorosas...